Mostrando entradas con la etiqueta valle de las mil palmeras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta valle de las mil palmeras. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de abril de 2015

El valle de las mil palmeras

Fataga es un pequeño y hermoso pueblo del interior de la isla, situado entre montañas en el llamado Valle de las Mil Palmeras. Está encaramado en un risco que parece a punto de precipitarse hacia el barranco.
Apenas tengo 50 minutos para llegar, introduzco los datos de localización en el GPS del Mini. Es imposible llegar a las 10:00, el navegador  me da un tiempo estimado de una hora y media.
Tengo que intentarlo, quiero conocer a María.
Llego a San Fernando de Maspalomas y cojo la sinuosa GC 60, aún puedo lograrlo a pesar de que me espera una serpenteante y estrecha carretera.
A las 10:15 el navegador me avisa del fin del trayecto. Estoy a las puertas de un hotel rural llamado Molino de Agua. No sé si todavía me estará esperando, su mensaje era tajante: "no tardes".
Me dirijo a lo que parece ser la recepción y pregunto por ella. 
- Sí, se hospeda en la suite-, me dice una amable señorita de acento extranjero.
Sigo las indicaciones que me han dado, la puerta está entreabierta y paso sin esperar invitación. El alojamiento es muy sencillo, parece un alpende restaurado con un estilo rústico. Las paredes están encaladas de blanco y una chimenea de piedra preside la estancia. Sobre la cama perfectamente vestida hay una rosa roja y unas toallas. No hay señales de mi anfitriona. Escucho agua correr en el baño. Me acerco curioso, y veo a una sirena sumergida en la bañera colmada de espuma. No tarda en descubrir mi presencia.
- Hola, has tardado.
- Sí, lo siento, me perdí.
- Acércame una toalla, por favor. Tomo una de la cama y se la ofrezco expectante.
- Date la vuelta, me manda-. Pongo cara de decepción.
Obedezco sumiso. Sale de la bañera y disfruto de la escena reflejada en el espejo. Tiene un cuerpo espectacular.
- ¡Eres muy travieso!, -me dice- espero que hayas traído el cepillo de dientes.
Se lo muestro.
Agarra el cepillo, lo humedece bajo el grifo, pone un poco de pasta y se dispone a cepillarme los dientes y la boca con suma delicadeza.
- Ahora enjuágate.
Me someto a sus órdenes.
Se quita la toalla que cubre su cuerpo mojado y me limpia los labios.
Ahora puedo gozar del espectáculo en directo. Su figura parece un lugar, con senderos, cuevas, valles y riscos donde perderse.
- Bésame. Esta mujer no para de dar órdenes, y yo soy un soldado muy obediente.
Nos besamos apasionadamente, sin dejar un solo rincón de nuestras bocas sin explorar. Nuestras lenguas se buscan y se encuentran una y otra vez.
La tomo en brazos reprimiendo el deseo de tenerla allí mismo, y la llevo a la cama.
Cojo la rosa y acaricio con calma su cuerpo. Tiene cosquillas en los pies. Subo por sus extremidades y noto cómo su cuerpo se tensa. Descanso en su ombligo haciendo círculos cada vez más grandes. Sus pechos se endurecen al contacto con los suaves pétalos, y deja escapar un tímido gemido. Me mira con deseo.
- No puedo más.
(Yo tampoco voy a contar más, soy un caballero)