domingo, 26 de abril de 2015

Te he mentido


He logrado abrir las esposas a tiempo de mandar un mensaje a mi ex corrigiendo el que mandó Andrea. Suerte que tenía un segundo juego de llaves oculto en la almohada. Sabía que lo iba a necesitar.

¡Me urge una ducha bien fría! Su perfume inunda la estancia y me recuerda cada segundo que ha pasado en esta casa: el bordoneo  sensual de sus tacones acariciando el parqué, el fluir del vino por su cuerpo semidesnudo, el lascivo periplo de la botella recorriendo cada rincón de su anatomía...
- Tu plan ha fracasado-. Le mando una foto de las esposas abiertas.
No sé nada de ella durante todo el día.
Salta un mensaje en el móvil. Es una sugestiva foto tomando el sol, muestra un primer plano de su breve bikini y al fondo una playa.
- No sabes cuánto daño me estás haciendo, : (-, le respondo.
- Lo sé, pienso precisamente en ti cuando hago estas fotos, : ).
- ¿Dónde estás? Quiero ver más.
- Tendrás que esforzarte un poco. Me manda su localización en Google Maps. -Tienes 30 minutos, ni uno más.
¡Está en la playa del Confital!
Pongo el cronómetro en mi Iphone y me apresuro, cojo lo necesario, lo meto en un bolso y salgo pitando.
Accedo a la playa por el barrio marinero de La Isleta. El Confital es un enclave natural bellísimo, que combina mar y montaña en el interior de la ciudad de Las Palmas de G.C.
La marea baja deja al descubierto un paisaje de piedras que forman charcos. La busco con la mirada, y allí está, justo donde el mar se funde con la arena. Posa espectacular, lleva un bikini de triángulo, estampado de flores en tonos azules sobre fondo amarillo, y una braguita de corte brasileño que apenas cubre sus glúteos.
Me han sobrado..., 40 segundos.
- ¿Espera a alguien señorita Artiles? Me mira sin mostrar sorpresa.
- Sí, al capitán de mi barco.
- Qué pena, yo soy un simple marinero.
Me siento a su lado, cojo su cara con mi mano, la obligo a besarme.
- Para ser usted marinero, besa muy bien. Y nos fundimos en otro beso apasionado.
Atardece, el sol corre a esconderse tras el horizonte invitando a un último baño. Nos adentramos en el mar, y dejamos que nuestros cuerpos se reúnan en un abrazo eterno.
- Necesito contarte algo. Me sorprende la gravedad de sus palabras y su mirada perdida.
- Te he mentido.

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