domingo, 19 de abril de 2015

La panadera de mi amor

Alguna vez les he contado que "mi panadera" no trabaja en ninguna panadería. Ella no sabe de pan, pero sabe a pan recién horneado y huele a harina de trigo cuando la espolvoreas sobre la masa. Si la toco, se derrite como la mantequilla y crece como levadura. La miro, y su cara se dora igual que el pan. Sus besos suenan a pan cuando lo aprietas.
Como cada domingo, me visto para ella y salgo a comprar. Enfilo la calle León y Castillo, saludo a un siempre hierático Domingo Rivero, y entro en la tienda. Su sonrisa perpetua asoma tras el mostrador.
-Hoy no has puesto ninguna frase en tu cartel-, le digo sin saludar.
Me acerca una caja de tizas grandes de colores y me invita a escribir una.
Acepto el reto. Salgo de la panadería, me arrodillo junto a la pizarra colocada a la entrada y escribo: "ERES LA PANADERA DE MI VIDA, SI ACEPTAS UNA CITA CONMIGO, CADA DÍA ESCRIBIRÉ EN TU CUERPO MIL FRASES DE AMOR COMO ESTA".
Le devuelvo las tizas y me da el pan, regalándome otra de sus sonrisas.
- ¿Le gustará la frase a mis clientes?-, me pregunta.
- Tus clientes entrarán a comprar el pan aunque no tengan hambre, te lo aseguro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario