Mi amigo Rubén cuenta un chiste muy gracioso sobre la imposibilidad de conocer a las mujeres. Al parecer un genio se ofrece a conceder un deseo a un hombre, éste le pide que construya una carretera que una Europa con Estados Unidos, el genio le dice que eso es técnicamente imposible y que mejor le pida otro deseo realizable. Pues bien, el hombre se lo piensa y solicita al genio la facultad de poder comprender a las mujeres. El genio responde: "¿la carretera la quieres de dos o de cuatro carriles?".
Abrí este blog también como un ensayo que me sirviera para entender a las mujeres, pero lo que está sucediendo es que a medida que voy recordando y contando mis experiencias con ellas -reales o ficticias-, profundizo en mi propio ser como hombre. Quizás la clave de todo esto sea precisamente el conocimiento de uno mismo.
Una autovía que cruce el Atlántico es imposible, que los hombres lleguemos a entender a las mujeres (y también a la inversa) solo es posible si antes encontramos al ser humano que todos llevamos dentro.
Hoy me puse unos vaqueros viejos, una camiseta blanca bajo un desgastado jersey azul marino con cuello de pico, y mis zapatillas de la temporada pasada. Quería que "mi panadera" me viera tal y como soy, sin máscaras textiles. Compré una rosa blanca inmaculada y un libro con un título muy sugerente que guardaba una sorpresa en su interior, "Todo lo que los HOMBRES saben de las MUJERES". Su panadería es de color naranja y siempre está llena de gente. Cuando me ve se pone tensa. Creo que sabe que hoy ocurrirá algo especial. Tomo asiento frente a ella. Me mira, la miro. Me fijo en sus manos, son preciosas. Pongo la rosa sobre la mesa a mi izquierda y el libro a la derecha y le pregunto:
- Si un genio te concediera el deseo de ser por siempre hermosa como esta flor, o sabia como las páginas de este libro, ¿qué elegirías?.
De repente, todos los clientes nos miran expectantes. A mi no me importa y a ella menos. Entonces abre el libro, deposita la flor entre sus hojas, y me dice:
- Dile a tu genio que rechazo la belleza eterna que me ofrece, y que tampoco deseo la sabiduría cambiante de los libros. Quiero a un hombre que me regale su amor cada mañana y que al anochecer siempre tenga algo nuevo que contarme ¿Eres tú?
No tengo respuesta a su pregunta.

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