
Estoy en la Plazoleta de San Antonio Abad, el primer emplazamiento castellano en el Atlántico, así como el lugar donde la Corona de Castilla inició la Conquista de Canarias.
No he elegido este sitio al azar, voy a someter a mi hombre justo en el lugar donde en 1478 las tropas del conquistador Juan Rejón erigieron el Real de las Tres Palmas.
Acomodada sobre el capó azul de su Mini Cooper lo veo aparecer por la calle Colón. Se para un instante a contemplar la escena al llegar a la confluencia de las calles Armas y Pedro de Algaba. Las luces iluminan Vegueta como en una de las acuarelas de Comas Quesada. Parece descansado, relajado; camina seguro con una botella de Libalis en su mano derecha y dos copas en la izquierda.
- Señorita Amador, le sienta muy bien mi coche. Le respondo con una sonrisa complaciente.
Con habilidad desenrosca el tapón y llena las dos copas. Me ofrece una.
- ¡He ganado la apuesta! -Me dice mientras se pone a mi lado.
- Aún no, te queda complacer a una más.
Me lanza una mirada lasciva y me derrito por dentro. No voy a poder dominar la situación, este hombre opone más resistencia que Doramas en la Batalla de Arucas.
Apuro la copa y la dejo con cuidado sobre el coche, tomo la suya y hago lo mismo. Tiro de él hasta la cercana calle Montesdeoca, y hago que se siente en el banco de piedra que hay junto a la capilla. Me instalo cómodamente sobre sus piernas y paso los brazos alrededor de su cuello.
Siento unas manos firmes que juguetean bajo mi falda y no puedo evitar lanzarme contra su boca, ávida de placer. Nos besamos y nos tocamos apasionadamente como dos enamorados en su primera vez.
Me coge en sus brazos y me introduce con delicadeza en el asiento de atrás de su coche.
- ¿Has hecho el amor alguna vez en un Mini?
Niego con la cabeza.
- Esto va a ser muy instructivo...
Por suerte las lunas del coche son lo suficientemente tupidas como para que ningún curioso pueda ver lo que sucede dentro. Salvo que se trate de mis hermanas y mi prima.
Cuando dan las doce de la noche en el reloj de la catedral, tres linternas nos apuntan desde el exterior ¡Tarde, el espectáculo ya ha terminado!