
Llegamos a la hora convenida. Velero 1906 es un restaurante chill out de aire cosmopolita y estilo moderno. Situado en el Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una bella panorámica de la Playa de las Alcaravaneras.
Julián Rincón, jefe de sala, esboza una leve sonrisa cuando ambos al unísono nos dirigimos a él para decirle que tenemos una mesa reservada.
- Señorita Artiles y señor Brey, supongo.
- Sí.- Nos miramos y caemos en la cuenta, ¡habíamos reservado los dos!
Tomamos asiento en una zona con vistas a la bahía. La arboladura de los barcos amarrados en su pantalán perfila el azul del cielo como una acuarela recién pintada.
Nos observamos en silencio. El añil de sus ojos compite con la luz de este mediodía primaveral. Lleva un top de cuello desbocado y una falda de corte evasée, que no ha dejado indiferente a ninguno de los comensales. Por suerte no soy celoso, pero admito que me agrada la envidia que provoco en el público masculino.
El camarero nos sirve una botella de vino blanco malvasía semi seco de 2012, el Bermejo es un vino de aromas sensuales, paladar fresco, suave y jugoso. De primer plato, compartimos una exquisita ensalada de cogollos, y luego saboreamos un arroz caldoso espectacular.
- ¡Me has mirado las tetas!, me inquiere.
- No.- Miento, y lo sabe. Admito que no he podido evitar reparar un instante en los vórtices desnudos que marcan su blusa transparente. Tendré que andarme con más cuidado, Andrea está especialmente amorosa, y aunque sabe que me tiene embobado, hoy tengo que asegurar el epílogo que tanto deseo.
Mentalmente me animo a concentrar mi atención por encima de sus hombros ¡Fracaso! ¿Por qué no se ha puesto sujetador? ¿Y si tampoco lleva...? ¡No! No es capaz ¡Sí! Sí lo es.
Observo con atención científica cada movimiento de sus piernas. Se da cuenta de mis intenciones.
- Voy al baño, me dice traviesa.
Se levanta de la mesa y pongo en funcionamiento el escáner tridimensional que los hombres adquirimos en la adolescencia. Si lleva son diminutas. Mi libido se dispara a niveles del siglo pasado.
Un sorbete de mojito cubano completó una tarde en la que no paramos de hablar.
- Bien, y ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?- Le interrogo.
Le cambia el semblante y sé que tengo que preocuparme. Toma aire, su mirada se pierde en la bahía. Pensativa, me dice:
- Había otro hombre en mi vida.
Sus ojos azules se humedecen, y el sol que los alumbraba se oculta tras una densa nube.
Nunca la había visto así.
Vuelvo su cabeza hacia mi con toda la dulzura que soy capaz.
- Por favor, mírame.
Me mira culpable esperando mi veredicto ante una confesión esperada. Hace tiempo que sé que yo no era el único. Presentía que existía otro ¿Un amante tal vez?
- No me afecta el ayer, no me interesa tu pasado, no te amo por lo que fuiste. Me importa el hoy, quiero vivir el presente contigo y amarte por lo que significas en mi vida ahora.
Permanecemos callados un momento, reparando el uno en el otro.
- Te amo señor Brey.
- Y yo a usted, señorita Artiles.